Las dificultades para establecer modelos de intervención eficaces con niños con T.E.A.

21.04.2017

El incremento en la prevalencia de los trastornos del espectro autista es una realidad generalizada en los últimos años.

Esta realidad ha llevado consigo el nacimiento de distintas técnicas y metodologías orientadas a mejorar las dificultades que presentan estos niños, tanto en la comunicación, como en la interacción social y los patrones de conducta o intereses restringidos. Pero no todas las técnicas surgidas están avaladas por las evidencias científicas.

Con un vistazo rápido a internet encontraremos desde dietas milagrosas, a las tradicionales técnicas conductuales, psicoeducativas, o el novedoso neuro-feedback tan de moda últimamente. Pero, ¿cuántas de estas metodologías están validadas y pueden ser contrastadas de manera rigurosa? La respuesta es, que en realidad muy pocas de ellas han sido estudiadas con profundidad.

Recientemente se publicaba un artículo en la Revista de Neurología que abordaba el estudio de dos modelos de intervención tradicionales: el modelo Denver y el SCERTS.

Los resultados del estudio apuntaban que es necesario tener en cuenta un gran número de variables: el contexto, la familia, las preferencias, la personalidad y el grado de afectación de la propia persona. Todo ello es decisivo a la hora de optar por un modelo u otro, lo cual es complicado cuando hablamos de atención temprana, previa a los tres años.

Mientras el modelo de Denver apuesta por el diagnóstico precoz y la intervención temprana según unos patrones generales de desarrollo; el SCERTS plantea un modelo interdisciplinar basado en la intervención en el contexto real, natural de la persona. No obstante, según el estudio, ambos modelos se configuran como eficaces a la hora de abordar las dificultades que caracterizan el TEA.

El punto en común que se extrae de los resultados es la necesidad de ofrecer una respuesta temprana por parte de los profesionales, la necesidad de mejorar los procesos de detección e intervención precoz, así como las carencias en cuanto a herramientas específicas para salvar las dificultades sensoriales que presentan estas personas o la necesidad de abordar las dificultades de regulación emocional.

Mientras tanto, en España seguimos detectando estos trastornos alrededor de los 3 años y encontrándonos con muchos profesionales que recomiendan esperar para ver la evolución del niño retrasando el diagnóstico.

Todos los aspectos mencionados suponen pasos enormes para mejorar la calidad de vida de los niños y sus familias. Esto nos dará una idea del camino que nos queda por recorrer a quienes estamos embarcados en la tarea de educar para todos.

Artículo original:

Forment-Dasca C. Modelos de intervención en los trastornos del espectro autista: Denver y SCERTS. Rev. Neurol 2017; 64(Supl 1): S33-7.